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lunes, octubre 23, 2006

Los pobres nos invaden


Fuente: Editorial Noticias Obreras Octubre

La llegada masiva de POBRES a España está sacando a relucir lo mejor y lo peor que como seres humanos tenemos.

Junto a la imagen de la mujer que, sentada en la arena de la playa, amamanta al niño recién llegado, o el guardia civil que intenta dar calor con su cuerpo al POBRE que tirita de frío, vemos a la pareja de enamorados que en otra playa se acarician a escasos metros del cadáver de un POBRE que las aguas del mar han dejado sobre la arena.

Junto a la acción solidaria de los tripulantes del pesquero «Francisco y Catalina», que abandonan su trabajo para recoger a los 51 POBRES impidiendo que mueran, aparece la racionalidad política de los responsables políticos europeos que se niegan a acogerlos en sus países, lo cual no deja de ser una brutal irracionalidad.

Los inmigrantes son necesarios para nuestra economía, que necesita modernos esclavos que trabajen de sol a sol, con bajos salarios, que mueran en accidentes de trabajo y que no tengan ningún derecho. Son necesarios para mantener nuestro sistema de pensiones y para traer niños a los que seguir explotando en el futuro.

Los inmigrantes, dicen, son un problema porque llenan los centros de acogida, deambulan por nuestras calles intentando buscarse la vida, dicen que roban, aunque no hemos visto a ninguno detenido por lo de Marbella, y reclaman asistencia sanitaria, educación, vivienda, etc., reclaman vivir como personas.

No son inmigrantes, son POBRES, este es el problema, son POBRES y ninguna de las leyes ni de las medidas abordan el problema que tienen. Sabemos que en 10 años, el número de personas del África subsahariana que viven con menos de un euro al día aumentará en 100 millones, pero no hacemos nada para resolverlo. Por decirlo con palabras de Jean Ziegler, responsable de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, «El orden mundial no es sólo asesino, sino absurdo, pues mata sin necesidad. Hoy ya no existen las fatalidades. Un niño que muere de hambre hoy, muere asesinado», y no hacemos nada para evitarlo.

Hacemos numerosas leyes de extranjería, que en realidad son leyes de POBRES o contra los POBRES, para pasar del estacazo a la regularización según nuestros intereses. Montamos observatorios supertegnologizados para impedir que crucen el Estrecho con sus pateras, y se nos cuelan por Ceuta y Melilla. Levantamos altísimas alambradas en Ceuta y Melilla, y atraviesan medio océano con sus frágiles cayucos para llegar a las maravillosas Islas Canarias. Y si construimos un muro en medio del mar seguro que a los POBRES les saldrán alas para volar.

Son POBRES que huyen de la pobreza. Son la consecuencia del mismo sistema capitalista que ha destrozado el planeta. El origen del cambio climático y del éxodo de pobres hacia nuestras costas es el mismo: Un sistema económico que se fundamenta en que unos países vivan a costa del expolio de otros, cuando se requiere «una concepción de la economía que garantice, a nivel internacional, la distribución equitativa de los recursos y responda a la conciencia de la interdependencia, económica, política y cultural, que ya une definitivamente a los pueblos entre sí» (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, CDSI, 373).

Como el problema no ha hecho nada más que empezar, preparémonos para acogerlos, ayudarlos y compartir con ellos lo que somos y lo que tenemos. Preparémonos para seguir luchando por el desarrollo humano de los países pobres, pues Justicia y Caridad es el gran reto que estos POBRES nos plantean a la Iglesia y al mundo y no podemos defraudarlos.