Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta Editorial N.O.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Editorial N.O.. Mostrar todas las entradas

sábado, noviembre 06, 2010

La encrucijada de los sindicatos: ¿el mayor bien para el mayor número?



     La reforma laboral sigue su proceso dispuesta a producir una segunda «gran transformación» de nuestras condiciones de vida y trabajo y del modelo social que hemos vivido. Las consecuencias se verán a medio y largo plazo, pero la semilla ya se ha plantado y arraigado. Estamos, por tanto, en un momento muy importante que los sindicatos deben valorar con sumo cuidado porque se están jugando su futuro y el de los trabajadores.


      En la década de los setenta, los sindicatos mayoritarios tomaron la opción de considerar al sistema capitalista como el único viable y de concretar la acción sindical en la mejora de las condiciones de trabajo del mayor número de trabajadores a través de la negociación colectiva. Sin tener plena conciencia de ello se adoptó un viejo principio liberal: «el mayor bien para el mayor número», pero este principio es profundamente insolidario y falso, porque el mayor bien de unos sólo puede conseguirse con el menor bien de otros: los pobres. Además, suponía una renuncia a la tradición de la lucha obrera que había buscado «el bien posible para todos». El resultado ha sido un mundo obrero y del trabajo fragmentado y precarizado y unas organizaciones sindicales muy tecnificadas, burocratizadas y alejadas de los sectores más pobres y débiles del mundo obrero. Por ello, algunos han cuestionado que se haya realizado una Huelga General por la reforma laboral cuando no se ha hecho por solidaridad con los nueve millones de pobres.

      Esta opción implicó otra de mayor calado: la sustitución del militante por el técnico. El militante tenía y vivía un proyecto humanizador y era un «apóstol» del mismo. No buscaba sólo mejores condiciones de trabajo y vida, buscaba otro modelo de persona y de sociedad que él ya vivía y testimoniaba. Muchos militantes han permanecido, pero ello no ha impedido la ruptura entre ser y hacer, entre vida y praxis, que ha desembocado en la escisión de «cuadros» profesionalizados y base obrera.

      Ahora, cuando «los mercados» han dado jaque mate a la socialdemocracia y el gobierno defiende justamente lo contrario que defendía hace unos meses, sin que nadie dimita, y tratándonos a todos como si fuésemos analfabetos integrales, los sindicatos se han quedado sin proyecto y tienen dos salidas: secundar las tesis del gobierno y repetir sus argumentos, u oponerse y plantear una alternativa. Lo que no pueden hacer es oponerse y no plantear una alternativa.

      El dilema que nos encontramos es: la subordinación de la persona, la familia, la moral, la ética, la política, la democracia, el derecho… al mercado, o la subordinación del mercado a todo ello. El indicador clave de este proceso son los pobres, los que en estos años de abundancia han quedado atrás como denuncia viva de que su futuro no está sólo en la creación de riqueza, está en la justicia. Sólo si los sindicatos se ponen al servicio de los pobres podremos estar alumbrando las respuestas que el presente nos exige para que el futuro sea otro. Porque pobres y capitalismo no pueden conciliarse, los pobres son el combustible del sistema, y como cada día funciona más rápido necesita más «combustible». Y porque a los pobres sólo se pueden acercar con credibilidad los apóstoles, no los técnicos.

      «El mayor bien para el mayor número» nos ha traído hasta aquí. «El bien posible para todos» es el camino para salir. Antes se llamaba SOLIDARIDAD.



Fuente: Noticias Obrera nº 1.515

miércoles, octubre 20, 2010

Pobreza cero y homicidas del milenio


El pasado mes de septiembre se han reunido los Jefes de Estado y de Gobierno de las Naciones Unidas para evaluar el cumplimiento de los Objetivos del Milenio. Ya han pasado diez de los quince años fijados para alcanzarlos y no podemos decir que los resultados sean positivos. ¿Qué pasa? ¿No es posible erradicar estas lacras de la humanidad?

El premio Nobel alternativo de economía, el economista Max-Neff, empezaba una conferencia en la Universidad Internacional de Andalucía con la siguiente constatación:

En octubre de 2008 se alcanzó por primera vez en la historia de la humanidad la cifra de 1.000 millones de personas que pasan hambre en el mundo. Se necesitarían 30.000 millones de dólares para erradicarla durante un año. En esa fecha, seis Bancos Centrales daban a los bancos 180.000 millones de dólares. Unos meses más tarde, el Senado americano dio otros 700.000 millones, y después otros 850.000 millones más. En septiembre de 2009, el dinero dado a los bancos era ¡17 TRILLONES DE DÓLARES! Con este dinero se podría erradicar el hambre en el mundo durante ¡600 AÑOS!

Mientras que exigimos pobreza cero, la preocupación del capital y de los gobiernos no ha estado en la erradicación de la pobreza, sino en la especulación, unos, y en hacer la vista gorda los otros. En Noviembre de 2008, la Iglesia denunciábamos la situación de los paraísos fiscales y la necesidad de cambiar el sistema financiero internacional.

«La estimación de la cantidad de riqueza detenida en los centros ‘‘offshore’’ son difícilmente evaluables, pero bastante impresionantes si se confirmaran las informaciones en circulación: se dice que una amplia gama de grupos e individuos detentarían aplicaciones financieras en los centros «offshore» que podrían rendir cerca de 860.000 millones de dólares al año, y que corresponderían a una falta de entrada fiscal de casi 255.000 millones de dólares: más de tres veces el monto entero de la ayuda pública al desarrollo por parte de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OSCE)» (Santa Sede, «Repensar el sistema financiero», número 3b).

Después de constatar estos hechos es difícil no enrojecer de vergüenza cuando vemos las piruetas dialécticas que han tenido que hacer para decirnos que el cumplimiento de los objetivos ha sido desigual y que, gracias a las donaciones de gobiernos, filántropos, empresas y ONGs, disponemos de 40.000 millones de dólares para salvar dieciséis millones de vidas en los próximos cinco años mejorando la atención a las embarazadas y a los niños. No se dice que conseguirlo cuesta 169.000 millones y que no se sabe cómo se va a conseguir el dinero que falta. Tampoco se dice que desde que se aprobaron los Objetivos del Milenio han muerto 5,3 millones de mujeres por complicaciones en el parto, muertes que se podrían haber evitado si se hubieran cumplido los objetivos fijados.

Ante esta situación, no podemos menos que llamar a las cosas por su nombre. Los responsables de este desaguisado son, según el catecismo de la Iglesia, culpables de homicidio:

«Los traficantes cuyas prácticas usurarias y mercantiles provocan el hambre y la muerte de sus hermanos los hombres, cometen indirectamente un homicidio. Este les es imputable» (Catecismo, 2269).

Felicitamos a Manos Unidas, organización hermana surgida de la iniciativa y el trabajo de las Mujeres de Acción Católica, por el premio Príncipe de Asturias que le ha sido otorgado en reconocimiento a su trabajo y compromiso con los pobres del mundo. Y animamos al conjunto de la Iglesia para que asumamos, en coherencia con nuestra Doctrina Social, la defensa de la justicia de la que dependen tantas vidas inocentes.
    



NOTICIAS OBRERA nº 1.514

domingo, septiembre 19, 2010

¡ 29 de septiembre: huelga general !


     Los sindicatos nos han convocado a todos los trabajadores a una huelga general para el próximo 29 de septiembre. El motivo, la reforma laboral realizada por el gobierno socialista bajo el pretexto de hacer más competitiva nuestra economía, generar más oportunidades de empleo y eliminar la dualidad existente entre los trabajadores precarios y los que tienen condiciones de trabajo más estables.

     La HOAC hemos publicado nuestra opinión sobre esta reforma con el título “Reforma laboral y cambio de modelo de organización social”. En ella insistimos en la preocupación que venimos manifestando en nuestra línea editorial.

     Por una parte, analizamos el contenido más importante de la reforma: cambiar algunos contratos de empleo, abaratar y liberalizar el despido, penalizar y culpabilizar a los parados de su situación, introducir a las empresas privadas en los dispositivos de empleo, posibilitar que las empresas se descuelguen del convenio pactada, aumentar la flexibilidad interna de las empresas, etc. y terminamos afirmando: “lo que puede ofrecer una reforma como ésta es lo mismo que produjeron las anteriores, en España y en todos los países en las que se ha llevado a cabo: mano de obra más barata y más dócil, puestos de trabajo más precarios y mejores facilidades para obtener beneficios …”

Por otra, el mismo título de nuestra publicación pretende llamar la atención sobre el alcance de la reforma y de lo que los trabajadores nos estamos jugando en estos momentos: no se trata sólo de ajustar algunos aspectos de nuestras condiciones de trabajo, lo que el gobierno socialista está haciendo es subordinarse, y subordinarnos, a los intereses del capitalismo más duro. Lo que pretende es cambiar radicalmente la relación entre trabajo y capital subordinando de manera absoluta el primero al segundo.

     La Revolución Industrial hizo emerger una confrontación permanente entre capital y trabajo (LE, 11). El capital siempre ha tratado de imponerse al trabajo. Claro que, como el trabajo no se puede separar de quien lo realiza, que es la persona, lo que verdaderamente se persigue es la subordinación absoluta de la persona, del ser humano, al capital.

     Por nuestra parte, los trabajadores hemos tratado de construir una existencia en la que el trabajo, formando parte de ella, posibilite unas condiciones de vida plena, un trabajo decente (CV, 63), que no vivamos para trabajar, sino que trabajemos para vivir. En algunos países occidentales el punto de equilibrio se alcanzó después de la II Guerra Mundial con el llamado “Estado del Bienestar”. Este punto de equilibrio es lo que la reforma laboral, más la reforma de las pensiones y otras reformas pendientes pretenden eliminar. Dicho con pocas palabras: lo que se pretende es dejarnos sin protección alguna para obligarnos a aceptar las condiciones de trabajo que generen más beneficios para el capital.

     Es verdad que un día de huelga general no va a solucionar esta situación. Pero debemos entender que esta huelga es el inicio de un proceso en el que los trabajadores nos comprometemos a tomar conciencia y prepararnos para defender la dignidad humana, posibilitando que nuestros hijos y las generaciones futuras disfruten de unas condiciones de vida y trabajo acordes con esa dignidad.

     En esta nueva situación, los sindicatos van a ser más necesarios que nunca a condición de que afronten grandes cambios y profundas transformaciones en su organización, objetivos y estrategias. Su futuro va a depender de que los trabajadores más pobres sean su núcleo, fundamento y orientación, y de que desde ellos se planteen la solidaridad con todos los pobres del mundo.


NOTICIAS OBRERA nº 1.512