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sábado, febrero 21, 2009

UNA CULTURA PARA LA VIDA

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Publicado en el Ideal de Granada el 16-02-09
Ignacio Peláez Pizarro








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----- La actual crisis económico-financiera, que es global, ha puesto de manifiesto una serie de cuestiones, que se deberían abordar si queremos una sociedad más humanizada. Toda crisis no tiene por qué ser necesariamente negativa; crisis significa cambio y el cambio puede ser a mejor, como sucede generalmente con la crisis de la adolescencia.

----- Una de las cuestiones manifestadas es que el capitalismo, puro y duro, no es bueno porque produce víctimas: los trabajadores que van al paro, los hipotecados morosos, las pequeñas empresas que no tienen liquidez,…

----- También se ha puesto de manifiesto que es necesaria una cierta intervención del Estado, que haga de regulador; la sola oferta y demanda no es la panacea.

----- Pero hay tres cuestiones puestas de manifiesto, que son capitales, porque configuran a la sociedad. Una primera es que el sistema ha conseguido que una de las dimensiones de la persona, ni la primera , ni la más decisiva, sea la que se haya hecho con el mando y organice la vida de las personas: el sistema ha conseguido que la dimensión laboral se imponga y marque el ritmo de las demás: si el trabajador quiere seguir trabajando y cuidando a su familia, tendrá que organizar su vida en función de las condiciones laborales que tenga; para departir con su familia o amigos, ha de mirar primero a sus condiciones laborales; para establecer tiempos de ocio, lo mismo; incluso para tener un hijo este año, primero ha de contar con su trabajo: si le permitirán seguir al quedarse embarazada, o la despedirán. Y así sucesivamente.

----- Una segunda cuestión es que el sistema ha conseguido cambiar el concepto de persona. Hasta ahora se concebía a la persona como un ser racional y social – un “animal político” al decir de Aristóteles- con capacidades a desarrollar y derechos-deberes a desenvolver. Pero ahora persona es el “individuo productor-consumidor”: si produces y/o consumes, vales; si no, eres un don-nadie.

----- Y una tercera, la más sibilina y peligrosa: el sistema ha conseguido que todo lo anterior se vea como razonable y normal; ha conseguido que todo lo anterior entre a formar parte del sentir, pensar y vivir de la gente; es decir, ha conseguido que todo lo anterior se convierta en “cultura”.

----- Pero tal cultura es deshumanizadora, pues hace al hombre menos libre, menos solidario, en definitiva, menos persona. Por ello hay que reaccionar, plantarse ante esa cultura deshumanizada y deshumanizadora, hacerle frente con otra cultura que sea humanizante, que sea una cultura de vida. Una cultura alternativa.

----- Lo que voy a proponer es una utopía. Y añado enseguida que tal palabra la debemos entender en su sentido filosófico riguroso, no en el coloquial de algo ilusorio, pueril. No. “UTOPIA” en su significado verdadero, desarrollado en el Renacimiento, es lo que no está en un lugar concreto, pero desde el horizonte nos llama para que lo vayamos creando. Pero el tsunami neo-liberal ha puesto en circulación el mito del colapso de todas las utopías.

----- Yo me rebelo contra tal mito, pues la Historia demuestra que los hombres han conseguido avanzar a base de luchar por una utopía: utopía era el que no trabajaran los niños en las minas; utopía era que la seguridad social llegara a todos, o que la mujer fuera igual al varón; …Además, los que creemos en Jesucristo sabemos que El es el hombre utópico, que puso en marcha un proyecto de liberación de los hombres.

----- Necesitamos una cultura alternativa que, concibiendo a la persona como ser individual y social con una grandísima dignidad, facilite a todos la oportunidad de desarrollar sus capacidades al servicio propio y de la comunidad. Necesitamos una cultura alternativa, porque el desarrollo económico y el consumo ilimitado del Norte sólo pueden mantenerse a base de tener estrangulados a los paises del Sur; y eso ni es justo, ni será viable en un futuro no lejano.

----- Necesitamos una cultura de la igualdad: un convencimiento generalizado de que todos tenemos la misma dignidad y los mismos derechos y obligaciones.

----- Necesitamos una cultura de la solidaridad: todos somos menesterosos; todos nos necesitamos; todo repercute en todos; “nada humano me es ajeno”, que decía Tertuliano. Por consiguiente, tenemos que sentirnos cercanos, hermanos, co-responsables; el barco es de todos y si se hunde, todos vamos a pique; hay que compartir.

----- Necesitamos una cultura de la austeridad: los bienes no son inagotables, pero hay para todos si no derrochamos; lo que yo consuma en exceso loco, a otros les faltará.

----- Necesitamos una cultura del respeto a la Naturaleza: de ella vivimos; ella es de todos, los del Norte y los del Sur, también de los que vendrán. Con un consumo razonable, austero y respetuoso habrá para todos.

----- He ahí nuestra utopía: convertir todo eso en cultura; conseguir que esas cuatro cualidades entren a formar parte del sentir-pensar-vivir de la gente, que eso es la cultura. Y eso depende de ti, de mí, del otro,…

----- Los que somos creyentes en Jesús de Nazaret tenemos una razón añadida para luchar por esa utopía: que coincide con su mensaje de liberación, de fraternidad, de igualdad, de amor. “Yo he venido a traer vida”, dijo El. Es la cultura de la vida.-

Ignacio Peláez Pizarro
HOAC de Granada